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ISLAS FEROE
El archipiélago secreto

Altaïr Magazine - Nº 05
Junio
2017
148 páginas


SUMARIO
  LOS QUIJOTES DEL NORTE
ASÍ SOMOS EN LAS FEROE
Sjürdur Skaale
     
  EL SHANGRI-LA DEL SIGLO XXI
LAS ISLAS FASCINANTES
Elin Brimheim Heinesen 
     
  LAS ISLAS CON DUENDE
UN PODER QUE SURGE DE LA COSTA
Gunnar Hoydal
     
  GUDRUN & GUDRUN
LANA, TRADICIÓN Y MODA
Jordi Brescó y Berta Jiménez Luesma
     
  EL REINO DEL FRAILECILLO
UNIVERSO DE ACANTILADOS Y AVES
Finnur Lützen
     
  LA REMOTA MYKINES
EL HORIZONTE EN 360º
Jordi Brescó y Berta Jiménez Luesma
     
  VIKING METAL
TYN: MITOLOGÍA Y PAGANISMO
Altaïr Magazine
     
  SE VAN Y NO VUELVEN
MUJERES CAMINO A LA IGUALDAD
Eydna Skaale
     
  PURÉ DE ORTIGAS
LA COCINA DE PAUL ANDRIAS ZISKA
Jordi brescó y Berta Jiménez Luesma
     
  DE VIKINGOS Y BALADAS
EN LAS ISLAS DE LAS OVEJAS
Mariano González Campo
     
  BORREGOS SIN GPS
LOS NUEVOS CARTOGRÁFOS
Altaïr Magazine
     
  LA TIERRA SIN ÁRBOLES
ENTRE VOLCANES Y FIORDOS
Óluva Reginsdóttir Eidesgaard y Jana Ólavsdóttir
     
  A BORDO DEL NORDLÝSID
EL VIEJO Y EL MAR
Altaïr Magazine
     
  TODO EMPIEZA DE NUEVO
LITERATURA DE LA MEMORIA
Bergur Ronne Moberg
     
  EL PORTERO DEL GORRO
UN FUTBOLISTA EXTRAORDINARIO
Jordi Brescó
 
  UNA OLA PERFECTA
SURFISTAS QUE HUYEN DE SURFISTAS
Sergio Villalba
 
  ¡SIGA LAS OVEJAS!
18 ISLAS PARA DISFRUTAR
Altaïr Magazine
 
EDITORIAL:

Las Islas Feroe, «islas de las ovejas», son 18 gigantescas rocas emergidas en medio del Atlántico Norte y camino del círculo polar ártico. Un impresionante archipiélago boreal que huele a hierba y sal; en el que resuena el balar de una población de ovejas que duplica la de humanos y en el que sólo existen tres semáforos. Unas islas que, apartadas de la creciente masificación del turismo nórdico, constituyen un lugar casi secreto e ideal «para ir más lejos».

Altaïr Magazine ha viajado a las Feroe para conocerlas, como siempre en nuestros monográficos 360 ̊, a partir de la mirada de sus habitantes que nos llevan de la mano en el intento de descubrir, primero, y apreciar, después, este mundo aislado que busca una alquimia razonable entre tradición y modernidad.

Asegura el dicho feroés que «si no te gusta el tiempo, espera cinco minutos». Y así es. Las Islas Feroe son como la vida: nada permanece, todo cambia; sobre todo, las personas. Sjúrdur Skaale, uno de los dos políticos feroeses del parlamento danés y conocido humorista en su país, nos describe la profunda polarización anímica de su gente: «Las caras de los feroeses en invierno y en verano no tienen nada que ver. Parecen dos países distintos».

El feroz rugido del océano y el tímido silbar de la hierba mecida por el viento. Las Feroe intentan refinar sus muy marcados, atractivos y únicos contrastes: el blanco (invierno) y el verde (verano). Estas tierras de cuentos vikingos y de melodiosas baladas tradicionales son también, como nos explican los miembros de la banda local de rock Týr, las de guitarras aceleradas en su versión más metálica y pagana.

Las Feroe saben a algas y piel de bacalao cocinadas por el chef Poul Andrias Ziska (Nordic Prize de cocina 2014) en su restaurante Koks, en Kirkjubøur, que aca-a de recibir la primera estrella Michelin de la cocina feroesa. Estas islas son salvajes y ásperas como la delicada lana con la que las diseñadoras de moda Guðrun & Guðrun hacen, a mano, sus creaciones.

Las Feroe son, como nos las enseña Finnur Lützen, un universo de acantilados y fiordos en los que reina el curioso frailecillo. Un lugar en el que borregos sin GPS, pero con cámaras, ejercen de cartógrafos; y donde también, según nos cuenta Bergur Ronne Moberg, existe un desconocido universo literario hecho de una memoria en la que todo empieza de nuevo.

Con Birgir Enni y a bordo de su velero Norðlýsið, navegamos a la búsqueda de cuevas en las que se escuchan sonidos imposibles. Y cerca de ellas, entre acantilados remotos, con las fotografías de Sergio Villalba encontramos la ola perfecta para hacer surf allí donde no van los surfistas.

Todo eso son las Feroe. Y mucho más: una (a)isla(da) Mykines —la favorita— con sus 8 habitantes, pero ¿dónde están los árboles? No los busque. No los hay. A partir de los conocimientos de dos geólogas locales, Óluva Reginsdóttir Eidesgaard y Jana Ólavsdóttir, des- cubrimos cómo hace casi 60 millones de años las Feroe eran muy muy diferentes: una meseta volcánica parte de Groenlandia en la que crecían grandes árboles.

Así y por carreteras estrechas donde los coches ceden el paso a las ovejas por ley, exploramos estas «islas con duende» para reflexionar, gracias a la historia que nos cuenta Gunnar Hoydal, sobre algunas de sus tradiciones.

Gris con tonos blancos, niebla densa, lluvia fina, o intensa, y, despúes, un arcoíris esplendoroso. A la espera de la nieve que llegará, seguro, cuando el calendario se acerque a diciembre, nos desplazamos por túneles subterráneos excavados bajo el océano. Hacemos trekking en puentes colgantes. Caminamos entre los acantilados de los fiordos en estas tierras donde ferries y helicópteros hacen de transporte público local. Las Feroe no se parecen a nada, pero les faltan jóvenes; y, sobre todo, esas mujeres que se van para estudiar en el continente y ya nunca vuelven, como también nos cuenta Eydna Skaale.

Más allá de sus aspiraciones independentistas, las gentes de las Feroe (situadas entre Noruega e Islandia, pero dependientes de Dinamarca, aunque fuera de la Unión Europea) no cultivan el estereotipado cliché cultural de la frialdad nórdica; se nos muestran cercanas y amables.

Puede que sus gentes, además de sus fiordos y pueblecitos que parecen decorados, sus prados infinitos y al lado de faros colgados en acantilados imposibles, hagan de las Feroe «el Shangri-La del siglo XXI», como relata Elin Brimheim Heinesen.

Las Feroe, un universo especial, atractivo y único, áspero y duro. Un archipiélago casi secreto con cierta mística irreal, un lugar melancólico y muy hermoso.

Disfruten.

Pere Ortín
Director
 
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